Para pensar sobre el problema filosófico de la libertad

Supongamos que estás escogiendo tu comida en un restaurante de autoservicio, y cuando llegas a los postres, dudas entre un durazno y una porción de torta de chocolate. La torta se ve bien, pero sabes que engorda. Aun así, la tomas y la comes con placer. Al día siguiente te miras en el espejo o te pesas en la balanza y piensas: "Ojalá no me hubiera comido esa torta de chocolate. En su lugar pude haber tomado un durazno".
"En su lugar pude haber tomado un durazno". ¿Qué significa esto? ¿Es cierto?

Cuando dices que pudiste haber tomado un durazno en vez de la torta de chocolate, parte de lo que quieres decir es que no estaba determinado de antemano lo que harías, como lo está de antemano que el Sol saldrá mañana. Antes de que tomaras tu decisión no existían procesos o fuerzas que hicieran inevitable que escogieras la torta.

Algunas personas piensan que nunca nos es posible hacer algo diferente de lo que hacemos realmente. Reconocen que lo que hacemos depende de nuestras elecciones. Pero se afirma que, en cada caso, nuestras elecciones están determinadas por las circunstancias dadas antes de que actuemos y por eso son inevitables. La suma total de las experiencias, deseos y conocimientos de una persona, junto a su constitución hereditaria, la situación social, junto con otros factores que quizá no conocemos, se combinan para hacer inevitable en ciertas circunstancia una acción en particular.
Este punto de vista se llama determinismo. La hipótesis es que hay leyes naturales, como las que rigen el movimiento de los planetas, que gobiernan todo lo que sucede en el mundo, y que, de acuerdo con tales leyes, las circunstancias que anteceden una acción determinan lo que pasará y eliminan cualquier otra posibilidad.
De ser cierto lo anterior, cuando decidías qué postre tomar, los muchos factores que influyen en ti, y dentro de ti, ya habían determinado que escogerías la torta de chocolate. No pudiste haber elegido del durazno, aunque así lo creyeras.
Esto parece tener serias consecuencias: Aparte de no poder culparte razonablemente por haber comido pastel, probablemente no podrías culpar razonablemente a alguien por haber hecho algo malo, ni elogiarlo por haber hecho algo bueno. Si estaba determinado de antemano lo que ese alguien haría, entonces era inevitable: no podía haber hecho otra cosa, dadas las circunstancias.
Selección de ¿Qué significa todo esto? Una brevísima introducción a la filosofía. Thomas Nagel, FCE, México, 1995, Cap. El libre albedrío.